Siento
una grave curiosidad por entender el hecho de que es un día como cualquier
otro, y me siento excitada. Siento como si
al pasar por la calle la mayoría de las personas me desnudaran con la
mirada. Cada vez que me guiñan un ojo, me palpita con ansias de tener esa gran
velada. Mi mente se oscurece, y de la nada se me ocurre pararme en una esquina
en particular. Estoy en New York City, la ciudad del nunca jamás. A las 6:50am
me encuentro con las piernas abiertas y con un desconocido que dice dar “buen
sexo oral”. Finjo cuatro orgasmos, seguido de un beso placentero, y una buena
venida de parte del sosiego. No es mi culpa querer tener el valor y no tenerlo.
A la hora de llamarme *Pu$&, cuelgo la ropa interior en el ropero, y decido
quitarme los tacos, para luego ser una persona normal. Es fácil querer tener
sentimientos, lo difícil es llevarlos a cabo. Lo único que he tenido en mi área
vaginal han sido bochornos. Si mi vagina tuviese rostro tendría cara de
vergüenza ajena, y mis pechos no tendrían esta forma tan extraña parar
“amamantar”. La diferencia de querer tener sexo, es que no sabes con quien
hacerlo un día como hoy.
© Derechos de autor,
Sheila Rosa Castro – 2012
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