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Contra la corriente. (Día #20)




Dios… Si es cierto que existes… Sácame de este amorío, porque terminare muerta antes de poder saber, que pasara con mi destino. Enciéndeme bajo las llamas del infierno si es necesario, pero hazme entender este horrible calvario. Solo me queda rezar con tanta hipocresía, y escribir… escribir hasta que mis manos queden rojas de tanta sangre en mis golpes. No me queda más que escribir y desahogarme bajo esas perversas tinieblas. De esas tinieblas a la que las palabras en algún momento pueden ser usadas en tu contra, a la que cada oración promueve la guerra por completa, y el amor a medias. Dios… ya no se como pedírtelo. Entiende que mi corazón no puede estar dividido. Entiende que mi alma es solo una, mi vida es solo una. Que injusto es el tiempo, cuando se pierde, y cuando esta de más, siempre termina como un espejismo. Siendo nada. Ya el tiempo no me puede ayudar. Ya las lágrimas se niegan a seguir saliendo. El dolor se encierra en cada hoyo de mi cuerpo, y mi mente, ya no deja de pensar. Siento que mi destino es estar entremedio de dos, quizás sin escoger a ninguno, quizás sin que ninguno me escoja a mí. Quizás dejándolos solos, y partir… pero corriendo, sin detenerme, sin rumbo, sin hacia donde mirar, solo correr… Correr hasta que no pueda mas y me de cuenta, que a uno de los dos, he dejado atrás. A uno, que por mucho tiempo que pase, por mas oportunidades que se de, siempre quedara en la mente, que de el jamás podre escapar.
                                       
©Derechos de autor, Sheila Rosa Castro – 2012

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