Ir al contenido principal

El hijo de Shakespeare 2


Moriría dos veces antes de volver a dejarlo ir, moriría dos veces antes de ver su cara por última vez, no tendría miedo de morir si está conmigo, si me apoya como lo suele hacer. Me ama, y sé que me ama, porque es capaz de tenerme a lo lejos aun sepa que mi corazón es de él. Me ama porque sí, me ama porque lo sé. El me ama, y aun así no me lo diga, sé que es así, porque no hacen falta  palabras para saber de qué se trata. Aun le pertenezca a otro, aun no sea completamente de él, me ama, me ama y lo sé. No necesito mirarme al espejo, porque de verlo siento mi reflejo. Es algo tan maravilloso, tan duradero, que siento temor de no poder tenerlo. Tanto brilla en mi, tanto suele acaparar mi atención, será mi rey en algún momento, será mi comandante mi tormento, será aquel que me toma por la mano y muestra lo que hay más allá de su cuerpo. Porque me basta saber que además de haber ganado la batalla, gane todo un reino, gane un príncipe aun así en estos momentos se disfrace de plebeyo. Por algo sigue siendo su hijo, por algo aclamo por su nombre, aclamo por quien es. Si fuese solo uno más, pero no lo es, si fuese alguien insignificante, si fuese alguien sin poder reconocer. Pero no. Es el, solo es él, y me basta con que sea él y no cualquiera. Porque ambos nos hemos acostumbrado a la fantasía, nos hemos envuelto en la manta de la alegría de la necesidad y la mañana fría. Sobre todo sé que me ama, porque lo acostumbre a vivir de la filantropía.

© Derechos de autor, Sheila Rosa Castro – 2011

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tiempo para cerveza.

Me encontraba a pasos de ti hace un tiempo atrás, tu ni cuenta te diste. Así como en muchas otras cosas lo hiciste. Pasamos tanto y nos dimos tan poco. Recuerdo que nos encontrabamos ahi… solos… finalmente solos. Pero que mucho nos costo estar en esa situación juntos. Y uno al lado de otro sin decir nada, y asi ibamos y nos dábamos cuenta de que estábamos bien, de que ese tormento no pasaría, de que solo fue una noche más en la que fue un malentendido. Supongo que eso pasaba por tu mente. Pero la mia parecia un tren a toda velocidad, sintiendo ese viento fuerte en la cara, como cuando alguien apenas abre la ventana del tren por donde viaja. Y te pega fuerte. Se mete por todo tu cuerpo y te hace sentir esa forma templada en que tu cuerpo se va convirtiendo. Yo quizas, viaje por mucho tiempo en ese momento. Mi mente se iba a volar, daba vueltas, hacia lo que fuese por no estar conmigo. Mientras te veía a ti tan feliz, intentando hacerlo otra vez… intentando ver si estoy bien con tu broma...

Y que, de mi?

Tengo una rabia enfermiza en estos momentos. Ando en mis cuatro paredes, mientras como de costumbre, lloro cada noche antes de reposar mi cuerpo junto a mi cama. Tengo esta ira, que me consume a cada instante. Siento un odio por todos los que me hicieron y aun me siguen haciendo. Quiero salir de aquí, pero no me dejan. Aun piensan seguir mofándose de mí, unas cuantas veces más. Estoy loca por coger el cuchillo que está encima de la mesa, que queda frente a donde me tienen atada, pero no logro alcanzarlo. Miro hacia arriba y veo una soga colgando del techo, esperando por mi decisión aventurera. Esta soy yo… Todo esto, es lo que llevo en mi mente. Maldad, angustia, desilusión, burlas, odio. Esta soy yo… La única que puede salir y entrar cuando se le da la gana. La que puede colgarse entre esa soga, como si fuese un columpio, la que puede rebanar cosas con ese cuchillo el cual no puede alcanzar. Pienso en esto, y pienso en nada. Pienso en lo difícil, que sería alejarme de aquí. Yo no qui...

Un Leo y una Piscis.

Y ahí estaba, llena de llantos y desespero. Intentando explicar todas las cosas que no podía ver, que ni siquiera podía pensar. Y ahí estaba el… esperando lo que alguna vez deseó, lo que el si podía entender, y añorando que algún día tuviese lo que desea de forma correcta. Dos almas muy distintas se encontraron, se desearon. En un momento eso que ambos querían con tanta indiferencia se volvió en un espejo para los dos. Ahí estaban juntos, mirándose el uno al otro, viendo cada defecto insatisfecho, cada virtud alocada. Se estaban conociendo. Eran tal para cual, y muy diferentes a la misma vez. Querían lo mismo, de diferente forma. Al final el propósito era el mismo. Sin duda alguna los dos se querían, se están queriendo… Cada día es distinto al anterior, cada suspiro lleva consigo una sonrisa envuelta en el rostro de ambos. Ellos aún no lo saben, pero se están enamorando. Se ríen mutuamente cuando se ven, cuando saben que están en el mismo lugar. Intentan no mezclar las cosas, per...