Sumérgete, sumérgete conmigo en este mar de dolor, si fuiste tú quien me hizo esto, creo que merezco aunque sea tu fría compañía. No es de ti de quien hablo, es de mi, de lo tonta que he sido, de como poco a poco mi piel se ha marchitado se ha desvanecido, mis ojos no aguantan más, su peso es tanto, de tanta carga que llevan. Tú no tienes la culpa, solo te ahogas en ella. No fuiste quien empezó todo, sino el destino, un destino que poco a poco fuimos marcando los dos, y que destino tan cruel fue ese. Me hiciste sentir que podría confiar en alguien, pero jamás me hiciste sentir que fuese en ti en quien podría confiar. Antes, soñaba contigo continuamente, soñaba en verte, en poder estar juntos a pesar de todo. Hoy, aun sigo soñando, pero no estoy segura si merezcas saber de que tratan mis sueños ahora... siempre llegamos al mismo capítulo, aunque hayamos leído mil veces el libro, ¡terminamos en el mismo lugar! Tú y yo, definitivamente no empatamos.
Tengo una rabia enfermiza en estos momentos. Ando en mis cuatro paredes, mientras como de costumbre, lloro cada noche antes de reposar mi cuerpo junto a mi cama. Tengo esta ira, que me consume a cada instante. Siento un odio por todos los que me hicieron y aun me siguen haciendo. Quiero salir de aquí, pero no me dejan. Aun piensan seguir mofándose de mí, unas cuantas veces más. Estoy loca por coger el cuchillo que está encima de la mesa, que queda frente a donde me tienen atada, pero no logro alcanzarlo. Miro hacia arriba y veo una soga colgando del techo, esperando por mi decisión aventurera. Esta soy yo… Todo esto, es lo que llevo en mi mente. Maldad, angustia, desilusión, burlas, odio. Esta soy yo… La única que puede salir y entrar cuando se le da la gana. La que puede colgarse entre esa soga, como si fuese un columpio, la que puede rebanar cosas con ese cuchillo el cual no puede alcanzar. Pienso en esto, y pienso en nada. Pienso en lo difícil, que sería alejarme de aquí. Yo no qui...
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