Sumérgete, sumérgete conmigo en este mar de dolor, si fuiste tú quien me hizo esto, creo que merezco aunque sea tu fría compañía. No es de ti de quien hablo, es de mi, de lo tonta que he sido, de como poco a poco mi piel se ha marchitado se ha desvanecido, mis ojos no aguantan más, su peso es tanto, de tanta carga que llevan. Tú no tienes la culpa, solo te ahogas en ella. No fuiste quien empezó todo, sino el destino, un destino que poco a poco fuimos marcando los dos, y que destino tan cruel fue ese. Me hiciste sentir que podría confiar en alguien, pero jamás me hiciste sentir que fuese en ti en quien podría confiar. Antes, soñaba contigo continuamente, soñaba en verte, en poder estar juntos a pesar de todo. Hoy, aun sigo soñando, pero no estoy segura si merezcas saber de que tratan mis sueños ahora... siempre llegamos al mismo capítulo, aunque hayamos leído mil veces el libro, ¡terminamos en el mismo lugar! Tú y yo, definitivamente no empatamos.
Me encontraba a pasos de ti hace un tiempo atrás, tu ni cuenta te diste. Así como en muchas otras cosas lo hiciste. Pasamos tanto y nos dimos tan poco. Recuerdo que nos encontrabamos ahi… solos… finalmente solos. Pero que mucho nos costo estar en esa situación juntos. Y uno al lado de otro sin decir nada, y asi ibamos y nos dábamos cuenta de que estábamos bien, de que ese tormento no pasaría, de que solo fue una noche más en la que fue un malentendido. Supongo que eso pasaba por tu mente. Pero la mia parecia un tren a toda velocidad, sintiendo ese viento fuerte en la cara, como cuando alguien apenas abre la ventana del tren por donde viaja. Y te pega fuerte. Se mete por todo tu cuerpo y te hace sentir esa forma templada en que tu cuerpo se va convirtiendo. Yo quizas, viaje por mucho tiempo en ese momento. Mi mente se iba a volar, daba vueltas, hacia lo que fuese por no estar conmigo. Mientras te veía a ti tan feliz, intentando hacerlo otra vez… intentando ver si estoy bien con tu broma...
Comentarios
Publicar un comentario